El Pulso de los Sentimientos – Primera Parte

Título: El Pulso de los Sentimientos – Primera Parte

Autor: Luis Bustillos Sosa

Categoría: Cuentos de Ciencia Ficción

Hay cuentos de ciencia ficción que estimulan a la imaginación transportándonos a escenarios que generalmente son irreales, en donde también obtenemos valiosas enseñanzas que logran despertar nuestro sentido analítico y nos hacen reflexionar.

La historia que enseguida les vamos a ofrecer es una de esas; sin duda que ésta, puede llegar a revelarnos situaciones o detalles que no habíamos alcanzado a percibir. Después de leerla, es posible que la percepción de la realidad que tenemos cambie y nada en nuestra vida vuelva a ser igual. Esperando que disfruten de este escrito, tanto como nosotros lo hemos hecho al crearlo; a continuación les presentamos la primera parte de esta obra.

Un hombre caminaba descalzo en aquel solitario bosque, no sabía ni cómo había llegado hasta allí. Los párpados le pesaban, se sentía agotado y cada vez más confuso de su situación; sin nada de recuerdos, ni una imagen de su vida; sólo un inmenso cansancio que le hacía arrastrar los pies.

«¡Maldita sea, estoy perdido», pensó mientras movía la cabeza al darse cuenta que un sendero sin fin lo invitaba a seguir avanzando. Su única opción era ese camino por donde empezó a andar esperanzado; quizá más adelante, podría encontrar a alguien que le ayudara a salir de aquel embrollo.

Cuentos de Ciencia Ficción: El Pulso de los Sentimientos - Primera Parte

Cual náufrago en un mar de árboles, que imponentes lo hacían sentir tan pequeño; como una hormiga que ha osado vagar entre la jungla humana de alguna ciudad. Debía seguir, no claudicar; «si voy a morir, lo haré luchando y de pie» se decía; aunque sus fuerzas no congeniaran con aquellas palabras.

Estás leyendo la primera parte de El Pulso de los Sentimientos, uno de los cuentos de ciencia ficción que fue escrito por Luis Bustillos Sosa especialmente para CuentosCortos.Top

 

De pronto, creyó escuchar a alguien que le hablaba y se le ocurrió observar de soslayo. Al contemplarlo quedó atónito y una bella figura lo dejó cautivado. Era una hermosa criatura, un ser divino, tal vez un enviado del cielo en forma de mujer; que le sonreía dulcemente y que quizá el creador había mandado, para que al fin pudiera salir de aquel escollo.

Sin dejar de mirarla, el hombre se dirigió hacia ella un tanto perturbado. Era como si aquellos ojos hechizaran a su conciencia; haciendo su andar descuidado en el escabroso terreno. Tanta fue su torpeza que tropezó con algo, golpeando a sus pies desnudos.

—¡Ay maldita piedra, tan bonito que estaba soñando! —refunfuñó Remigio Briseño con gestos de dolor.

—¿Qué te pasa amigo? —preguntó su compañero de “alcoba”.

—Son varias veces que tengo ese mismo sueño, que casi siempre se torna feo y me agobia; pero al final algo lindo sucede y cuando lo mejor está por llegar… pasa algo, esta vez me despertó un fuerte calambre en el dedo gordo —respondió aquel hombre un tanto malhumorado mientras se sobaba el pie.

En un lugar apartado de la ciudad; en los entresijos de la sierra, al cobijo de la fronda de los árboles en un improvisado campamento un par de personas conversaban. Eran Gerardo y Remigio, dos ingenieros forestales que ya tenían varios meses trabajando en el bosque.

—Te juro, que ya estoy hasta al copete de esto compadre —dijo uno de ellos.

—Yo también —asintió Briseño—, llevamos 7 meses en esto, solo bajamos a la ciudad cada 40 días; nuestros jefes se hacen más ricos y nosotros no salimos de donde mismo.

—Es duro todo esto compañero —acotó Gerardo—, pero de nada vale quejarnos y hay que levantarnos porque ya está por amanecer.

—Un día, encontraré la forma de ser alguien en la vida y todo será diferente —murmuró Remigio mientras buscaba sus botas.

—No sé cómo le harás, pero puedes seguir soñando amigo —replicó el otro socarronamente.

Las estrellas aún parpadeaban cuando subieron al vehículo, uno de ellos tomó el volante y echó a andar la pickup con maestría; el cielo empezaba a clarear y una densa cortina de polvo veló al campamento en la distancia.

—Ahora conduciré yo —aclaró Gerardo— como sabes, hoy me toca ir más lejos y cuando termine mi trabajo te recogeré de regreso.

—¡De acuerdo! —expresó Remigio repantigándose en el asiento.

Sumido en sus pensamientos, el copiloto fijó la mirada en el bello paisaje agreste; que parecía correr a prisa en sentido contrario al que avanzaba la camioneta. Los rayos del sol ya se colaban entre las copas de los árboles cuando el conductor sacó del ensimismamiento a su compañero.

—Hasta aquí llegó tu boleto compadre —le indicó el chofer a su amigo.

—Nos vemos más tarde —dijo el otro hombre mientras se apeaba.

No alcanzó a decir más, sólo escucho el rugido del motor y en un parpadear de ojos; miró cómo la camioneta se perdía en la sinuosa carretera. Ante él, poderosos árboles «¡que belleza!» pensó al verlos, mientras tomaba una vereda que lo llevaría hasta el sitio de trabajo.

Al internarse en el bosque y luego de caminar un rato, se percató que el lugar parecía encantado; tan solitario y misterioso pero un tanto familiar. No sabía por qué su brújula había enloquecido ni lograba entender cómo es que él se encontraba allí. Sentía miedo, estaba aturdido; como si vagara en la penumbra en aquel extraño paraje.

—¡Estoy extraviado! y este cachivache que no quiere funcionar —masculló con impotencia el ingeniero—. Aquí como en mis sueños sólo hay un camino, también existen árboles enormes, sólo falta que se aparezca una bella joven y seamos felices para siempre —murmuró Remigio esbozando una sonrisa nerviosa, mientras avanzaba lentamente por el interminable sendero.

Intentó serenarse, pero quién iba estar tranquilo en una situación así; era la primera vez que estaba siendo víctima de un lapsus de orientación. Sólo se veían portentosos árboles que se abrazaban cual si fueran mudos vigilantes franqueando aquella vereda que quizá era su única salvación.

Cuando el camino se torna incierto, se avanza tan despacio como en la oscuridad. Los pasos se vuelven inseguros, por el temor de caer a un abismo que está a la espera para devorarnos; así se sentía aquel hombre, mientras arrastraba los pies con desgano en ese atolladero.

Negándose a quedar vencido, Remigio deambuló algunos metros, «quien se rinde antes de luchar habrá perdido la batalla» murmuraba tratando de inyectarse ánimos; pero algo lo hizo voltear repente.

Con la mirada buscó entre los árboles, no era un loco que sufriera de alucinaciones; estaba seguro que alguien se escondía en las sombras de la vegetación. Tal vez aquel ser misterioso, era quien lo había llamado por su nombre con una voz tan dulce; que se resistía a creer que fuera producto de su imaginación.

En su andar distraído, trastabilló con una piedra que lo hizo perder el equilibrio y comenzó a dar tumbos hasta resbalar pendiente abajo, sin tener consecuencias desagradables; debido a la poca inclinación del terreno. En su caída un par de arbustos alcanzaron a detenerlo; no le había pasado nada, sólo pequeñas mallugaduras en ciertas partes del cuerpo; sí que andaba despistado.

Se irguió de rodillas y procedió a retirar la hojarasca de su cabello, también las acículas que tenía en la boca. Comenzaba a sentirse contrariado y avergonzado por aquella situación, debía intentar algo para salir de allí, antes de que lo hiciera presa la desesperación.

Mientras trataba de aclarar sus ideas algo llamó su atención, en un viejo roble muy cerca de allí, un extraño destello se colaba de manera intermitente hacia el tronco de ese árbol. Remigio se dio cuenta que aquel haz de luz brotaba desde un pequeño matojo y “palpitaba” proyectando bellos rayos multicolores.

El ingeniero sintiéndose pasmado por tal espectáculo, caminó algunos pasos para averiguar de dónde salía el resplandor, muy pronto descubriría al artefacto causante del raro fulgor. «¿Qué rayos podrá ser esto?» se preguntó Remigio, al mismo tiempo que le encontraba parecido con un control remoto; pero de dimensiones menores.

Tomó en sus manos al desconocido artilugio que todavía le seguía pareciendo raro. Tenía sólo dos botones, uno en cada extremo y un “orificio” por el cual se escapaba la extraña refulgencia. Al apretar el pulsador de abajo, se dio cuenta que los destellos habían desaparecido; por lo que supuso que era el interruptor de apagado.

Cuando oprimió el botón de arriba no sucedió nada, entonces volvió a oprimir el de abajo para encender de nuevo aquel objeto; tenía curiosidad de saber para qué servía el mando de la parte superior, pronto lo iba a descubrir.

Al presionarlo quedó estupefacto, un rayo purpúreo y turquesa se proyectó entre el arbolado; de súbito los hermosos destellos cual auroras boreales adornaron el escenario. Luego, como por arte de magia se dibujó una entrada, quizá se trataba de un portal dimensional que le abría las puertas a ese solitario hombre para que fuera en busca de sus sueños.

Un tanto temeroso avanzó hacia aquel umbral y al internarse fue presa del desasosiego por encontrarse en un “túnel” desconocido que no sabía si le deparaba mejor suerte; algo diferente de lo que dejaba atrás.

Continuará…

Si son de tu agrado los cuentos de ciencia ficción y te gustaría seguir disfrutando la segunda parte de El Pulso de los Sentimientos, te recomendamos que continúes en nuestro sitio para que descubras qué es lo que está por vivir Remigio en esta increíble historia de aventura.

6 Comments

  1. Laura Vasquez 31 enero, 2018
    • admin_CC 19 abril, 2018
  2. erika 5 abril, 2018
    • admin_CC 19 abril, 2018
  3. joel 27 mayo, 2018
    • admin_CC 29 mayo, 2018

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